Dulce realidad
Magalí se despertó sobresaltada. No recordaba bien el sueño o, mejor dicho, la pesadilla. Sólo la dominaba una sensación de angustia. Enseguida reconoció su cuarto y sintió alivio. Se dió vuelta y lo vió a su lado. Él dormía tranquilo, ajeno a sus pensamientos y preocupaciones. Ella sonrió y sintió una ternura inmensa. Ya no estaba sola.
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