lunes

Estrella fugaz

Aún no sé que nos decidió aquel sábado por caminar hasta el lugar elegido. Siempre íbamos a todos lados en auto pero aquella noche no. Quizás fue el clima cálido lo que nos motivó. Después de hacer varias cuadras llegamos a tu destino. Había bastante gente esperando fuera y nos anotaste en una lista. Mesa para dos. Pero mi hambre y mi impaciencia decidieron no esperar y cambiar de lugar. Mi idea no fue de tu agrado y en el camino de regreso hicimos varias cuadras separados. Yo no me resignaba a pasar otro sábado a la noche igual.  

Así que cuando me encontré en una esquina con aquel antiguo bodegón, frené la marcha y decidí entrar. El ambiente de comida casera, bullicio y reunión familiar inundó todos mis sentidos. Me sentí a salvo. Mi celular sonó. Eras vos para indicarme que me estabas esperando en un segundo restaurante especializado en pescados y mariscos pero esa opción tampoco me convenció. Ya había decidido dónde comer, sola o acompañada. Pasaron unos minutos y apareciste, sin estar todavía convencido. Pero conforme transcurrió la noche tu expresión fue cambiando. Decidimos pedir "lo de siempre" y la comida no nos defraudó. Charlamos, reímos y recordamos cómplices otras salidas y momentos compartidos. Hasta compramos ese cuadro en forma de imán a aquel vendedor bohemio que se acercó a nuestra mesa a dejarnos sus pequeñas obras sin compromiso. Elegimos el que tenía el faro porque nos recordaba aquellas primeras vacaciones en la playa cuando apenas nos conocíamos. Volvimos tarde a casa pensando que había sido una buena noche. 


Pasaron los meses y una mañana nos despertamos con la noticia de que aquel mítico bodegón cerraba sus puertas para siempre golpeado por una crisis económica. Jamás imaginamos que aquella noche sería la despedida de aquel lugar que nos guardaba tantos recuerdos. Con una sonrisa agridulce, agradecí mi impulsividad y pensé que en esta vida nada es casual.