En estos días estamos acostumbrados a escuchar seguido la frase: "No tengo tiempo" en boca de los demás o de nosotros mismos. Sin importar la edad que acusemos, la vida moderna nos va llenando de responsabilidades, compromisos, deberes y obligaciones que no siempre elegimos, muchas veces impuestos.
Entonces ¿dónde queda el tiempo para disfrutar?
Generalmente guardado en un cajón que en algún momento tendremos oportunidad de
abrir. Así los días van pasando, la rutina nos empuja y el momento nunca llega.
El momento de hacer esas cosas que amamos y que nos demuestran que la vida vale
la pena.
Pero ¿realmente no tenemos tiempo o ganas? No hablo
de embarcarse en grandes proyectos (o sí) sino de dedicar un poco de nuestro
tiempo a hacer lo que sólo nosotros sabemos que nos hace bien. Poco importa
si lo hacemos solos o acompañados, si se trata de una clase de baile,
teatro, pintura, un deporte al que no nos animamos o queremos retomar porque ya
"somos muy grandes" o un curso de chef.
Se trata de gratificarnos, de premiarnos un poco.
Ya es hora de dejar lado excusas y empezar a
DISFRUTAR, así con todas las letras. De tener la sonrisa dibujada simplemente
porque lo intentamos, sin importar el resultado, sino el hecho de habernos
animado y sentirnos más vivos.
Propongo que nos sacudamos la rutina y nos
despabilemos.
La vida es una sola y está ahí esperándonos, ¡¡a
disfrutarla entonces!!