Las palomas se mezclan entre los linyeras y algunas madres que se pasean con sus bebés y niños. A un costado se encuentra un teatro majestuoso e imponente, que le da cierto aire de sofisticación a la plaza y parece custodiar a sus habitantes. La calma de la tarde se interrumpe de a ratos por las voces de los niños y sus juegos, el balanceo de una hamaca, el vuelo de las palomas o el ronquido de un linyera que descansa en un banco de piedra. Una brisa ligera otoñal mece las ramas de los árboles, al tiempo que algunas de sus hojas bailan en el aire libremente hasta alcanzar el suelo.
Mientras tanto el ombú centenario se mantiene erguido y firme en el centro, ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor.
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