jueves

Recuerdos de tango y mucho más...


Cuando nació allá por 1914 lo llamaron Restituto Enríquez pero para mí siempre fue el abuelo Enrique.

Era un ser maravilloso. Trabajador incansable, lo recuerdo culto y siempre elegante pero más que nada por su sentido del humor inagotable y su alegría de vivir. Su simple presencia contagiaba el ambiente.

Admirador del tango desde siempre, era habitual escucharlo tararear alguna canción del Polaco y regalársela a quien estuviera cerca. Lo mismo pasaba con los piropos, a pesar de los retos de mi abuela. Todavía suena su voz en mi cabeza llamándome "morocha del abasto" y se me dibuja una sonrisa.

Mi abuelo siempre eligió ver el lado positivo de la vida. Nunca dejó de hacer bromas y divertir a todos con sus ocurrencias, ni siquiera cuando se enteró que tenía una enfermedad terminal.

La vida se lo llevó a los ochenta y pico de años pero me dejó un recuerdo imborrable en el alma.

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