viernes

Quizás, quizás, quizás...

Esa tarde Gerardo volvía a su casa como de costumbre en subte. Estaba cansado, había sido una semana de muchas presiones en el trabajo. Su rostro pálido y la calvicie incipiente lo hacían parecer mayor, cuando en realidad apenas pasaba los 30. Se miró en el reflejo del vidrio y pensó: "Necesito vacaciones".

El sonido de su celular lo distrajo. La pantalla le indicaba un mensaje nuevo. Era ella, después de tanto tiempo. Le preguntaba cómo estaba. Gerardo empezó a transpirar sin darse cuenta hasta que sintió el sudor de sus manos.

Escribió una primera respuesta, segundos después la borró. Se decidió entonces por: "Yo estoy muy bien. Extraño mucho sentarme a conversar con vos". Leyó con cuidado el mensaje y lo envió.

Los minutos pasaban. Trató de concentrarse en otra cosa. Miraba a los pasajeros subir y bajar. Jugaba con el cierre de su mochila. Llegó incluso a abrir su celular varias veces. Nada. Cuando comenzaba a reprocharse, sonó su celular. Era Andrea.
Decidió no atenderla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.